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jueves, 9 de abril de 2009

la mujer en la ventana


Todo en la noche vive una duda secreta: el silencio y el ruido, el tiempo y el lugar.

Xavier Villaurrutia


La luz tenue del foco sobre la computadora. Las palabras atiborradas en la pantalla se deslizan sin piedad construyendo un mundo de ideas. Un escalofrío recorre mi cuerpo ante el aullido estruendoso del viento paseándose intempestivamente. La pantalla y el silencio me tienen absorta en mis labores. La ventana detrás. El viento sigue rugiendo. Un golpe en el vidrio. No, no es nada. Sigo escribiendo. Un minuto, dos. Otro golpe. Me quedo inmóvil y con la mirada fija en la pantalla. No me atrevo a voltear. Parece que el viento furioso quiere romper el cristal de la ventana. Los latidos del corazón aumentan. El sudor en las manos es tan perceptible que deja su huella sobre las teclas. Otro golpe en la ventana. Mi nombre…alguien pronuncia mi nombre. Es el viento quien silba mi nombre. Estoy imaginando cosas. Debe ser por el día de brujas. Dicen que los martes y los viernes las brujas oyen nuestros pensamientos. Qué curioso…hoy es viernes 31 de octubre. Noche de brujas…
La medianoche. Sigo con mis arduas tareas. Otro golpe en la ventana. No es posible. No hay ninguna rama que pueda provocar ese ruido. Estoy harta. El viento no se calla. Tengo frío. Cerraré la ventana. Ahí está ella, fuera de la ventana, en un cuarto piso de un edificio cualquiera.
Sólo recuerdo su vestido vaporoso, muy blanco. Sus manos heladas tocando las mías. Me encontraron en un rincón de mi cuarto. La cara y brazos rasguñados. Tardé algunos meses en volver a hablar. Muchos dicen que desde ese día enloquecí y aquí estoy, contándote esta estúpida historia de aparecidos. ¿Me crees? ¿Tú también piensas que perdí la razón?
Dime si eso piensas. Necesito saberlo para poder irme de tu ventana; de tu inalcanzable ventana de un cuarto piso en un edificio cualquiera con mi vaporoso vestido blanco y mis manos heladas. Sé que es espantoso ver mi cara y mis brazos rasguñados. Sólo necesito que respondas. ¿Crees que enloquecí?
perla cristal hermosillo

la voz del insomnio

Sucedió que en una fecha no cualquiera la noche perdió su voz. El primero en notar su ausencia fue el pequeño y juguetón insomnio que acostumbraba danzar con ella desde la primera estrella hasta el último sueño.
-¿Dónde estás amiga voz?- gritó angustiado. Pero no le respondía ni un lejano eco.
Triste y pensativo se sentó en la plena oscuridad, donde nada ni nadie tenía nombre. Ya no había en las noches más recuerdos en las memorias, suspiros o historias que escuchar para los imperturbables techos en los hogares de los solitarios, los enamorados y los locos.
-No más poesía- dijo
Y poco a poco el sueño se apoderó del pequeño insomnio.
-¿Dónde estás amiga voz?...-susurró mientras sus ojos se cerraban
En sus sueños se encontró con la oscuridad de aquellos que se sienten solos. Y vivió en ese sueño tantas noches que se olvidó de los días.
-Así que estos son los sueños…- pensó- Si no estas aquí amiga voz… ¿dónde estás entonces?
-Soy un eco- le contestó un lejano susurro
Y de pronto despertó
-Vaya búsqueda…- Pensó el insomnio- soy un mal buscador…
Miró al camino y se escuchó a si mismo, solo y pensativo, como nunca antes lo había hecho y lloró desesperado, sentía haberse ganado una derrota.
Extendió su pequeño dedo y escribió en un charco: ¿dónde estás amiga voz? Y sus palabras se perdieron.
-Quisiera tener un espacio entre mis letras donde pudiera vivir un instante, donde pudiera habitar por una noche para contarnos un sin número de cuentos, mentiras, deseos, lagrimas o reproches. Quisiera tener un barco para navegar en las aguas del inconsciente y descubrir noche tras noche cual es el sueño de nuestro mundo para decirle que ha sido injusto al no darnos cabida.
Dijo entre sollozos.
-La justicia no existe en el mundo- se escuchó en el viento
Desesperado con las respuestas obtenidas hasta el momento se dirigió a un pico muy alto y le plantó cara a la Luna. Con el rostro lleno de frustración e ira le espetó:
-¡La extraño!
Pero la luna se dio la vuelta
-¿Dónde estás amiga voz?
Bramó el insomnio que ahora lucía menos joven, mientras recordaba los hermosos cantos de su amiga y caminaba sin rumbo fijo, sin saber que nunca la encontraría, por que la noche siempre fue muda.
christian omar grimaldo