sábado, 11 de abril de 2009

hostorias para antes de dormir

"Entre la cirrosis y la sobredosis andas siempre, Princesa..."
Joaquín Sabina

Se llamaba... no recuerdo, no sé. Lo que sé es que todos la conocían como "la zurda". Era la más mexicana y universal mujer que podrías haber conocido. El rojo era su vestido de todos los días. Fumaba y a veces le daba por el tequila. Todos la conocieron por sus discursos combativos, porque la pobreza le preocupaba y la construcción del hombre nuevo la ocupaba. Dicen que cuando joven muchos le ofrecieron dinero, joyas, autos, estar bien (o bienestar). Pero ella les sonreía lastimera, sarcástica, compadeciente, y enseguida los mandaba a la mierda. Así. Sin más. Cuentan también que muchos la defraudaron, a ojos vistos, sin el menor recato, pero ella conservaba viva la esperanza, la dignidad, la rebeldía. La lucha por un mundo mejor.

Lo cierto es que por su vida pasaron muchos -y muchas- que le querían, que le respetaban, o que la odiaban y la vituperaban. Pero ella se sabía digna, irreductible, irrenunciablemente zurda, auténticamente roja.

Hasta que un día todo cambió. Conoció a un fulano y él la sedujo con palabras dulces, con la modestia que tienen los que no tienen mayores cualidades. Todo empezó como el idilio de dos adolescentes que ya no lo son tanto. Miradas, acercamientos, la sana distancia, el beso furtivo que sabe a acuerdo político. En fin, fruslerías así.

Sin darse cuenta, ella fue distanciándose de quienes más le querían. Un día abandonó sus discursos combativos, al siguiente sacó un espot donde pedía perdón por tener dignidad. Poco tiempo más tarde, se vio al espejo y lloró por ser radical y no agradar a su nuevo proxeneta. Luego vinieron en cascada las noches en que él -su nuevo dueño- la alquilaba al mejor postor (aunque también hacían uso de ella la banda de hijos de puta que acompañaban al "chulo" de "la zurda").

Así que él, subrepticio y fanfarrón, pusilánime y lastimero, cualquier tarde de otoño, en que ya la sabía suya, dijo a "la zurda" que el rojo no le iba bien, que además, el vestido estaba pasado de moda, "anacrónico y marchito". Le regaló un vestido ridículamente azul pálido. La invitó a una fiesta del circo donde él trabajaba y la presentó a sus amigos. Todos ellos igual de patéticos: el enano alcohólico que se creía capitán de un navío de gran calado; el otro, un titiritero que no tenía manos; la mujer con barba y sombrero de charro; los siameses que se disculpaban y se exculpaban de su mediocridad... y un sinnúmero de personajes más.

Ella, tímida pero obediente, sonrío. "Mucho gusto", les dijo. Sonrisas, bienaventuranzas, bonanza, jauja, copas, el bullicio, la euforia. Luego, ya sabes, la orgía, la bacanal. El "padrote" de ocasión, supo que su obra maestra estaba lista. Había convertido a la dignidad en prostituta, a la combatividad en sumisión, a la rebeldía en un ente sin voluntad. Había culminado su obra: terminar con "la zurda" que se vestía de rojo.

Después de un tiempo, o a la mañana siguiente, cuando todos terminaron de usarla (porque ése es el término exacto), "la zurda" se vio nuevamente al espejo. Se dio asco, su aspecto era aún más vomitable que el sexenio de Mr. Prozac. Entristeció. Su metamorfosis era, había sido, sería, para siempre, el acto más deleznable que pudiera haber permitido.

¿La moraleja? No, no la hay. La banda de hijos de puta sigue siendo lo que eran (creo que hasta una casita amarilla tienen), el padrote de sonrisa cínica y zorruna sigue siendo pusilánime (pero dirige la casita amarilla), el enano de circo sigue donde estaba (con alcoholismo y megalomanía) y el mundo, el mundo sigue girando (con o sin metamorfosis). ¿La zurda? secuestrada, emputecida, abandonada, dando lástimas. Dicen que ahora anda por los bares ofreciendo su cuerpo como capital político a cualquiera que le pueda dar un par de prerrogativas y fuero.
ulises palacios

pueden salir temprano hoy

10:34 A. M.
Dentro de algunos años, en una de tantas instalaciones secretas.

El profesor formuló una pregunta.
– ¿Qué responderían si les digo que en el universo existe un planeta en el que todas las personas nacerán por segunda vez?
Varios de los alumnos levantaron la mano al instante. Los seleccionados respondieron con voces inseguras, como si a cada momento dudaran de que lo dicho estuviera correcto.
– Está mintiendo. Sólo se vive una vez.
– No. Está correcto. Es posible renacer.
– No. Dice que en otros planetas hay vida.
El profesor los observó algo contrariado.
– Veo que han tomado la pregunta de manera que toque exclusivamente su sensibilidad y no la han analizado de manera abstracta, como ya se supone que deberían saber hacerlo. Ustedes me han expresado sus creencias con respecto a la realidad, y no han ofrecido una respuesta que se desprenda del análisis de la frase tal como si se tratara de un movimiento en el tablero del ajedrez. – El profesor hizo una pausa, luego continuó adoptando un tono un poco más amable. – La respuesta que yo esperaba, tomando en cuenta las variantes, desde luego, es esta: las personas que ahí nazcan habrán nacido a su primer existencia en otro planeta. Muy bien, les daré otra oportunidad. Díganme, ¿qué responderían si yo enuncio que algunos hombres son mortales?
De las varias manos alzadas el profesor eligió algunas.
– Está mintiendo. Sólo se vive una vez.
– No. Está agrumetando sobre una ficción.
– No. Está hablando que hay inmortales. Son reales.
El profesor intervino.
– Nuevamente han cometido el mismo error. Se les dijo que algunos hombres son mortales, luego ustedes deberían haber dicho que el resto también lo es. – El profesor se notó algo impaciente, aunque rápidamente eliminó de su semblante indicios de un estado de ánimo negativo. Decidió hacer una última pregunta.
– Muy bien, les daré una nueva oportunidad. Es sencillo, como el ejercicio de los bananos en el salón azul. ¿Recuerdan? Tuvieron que salir, y al regresar después de varias horas les preguntaron sobre que banano querían antes de irse.
Los alumnos lo miraron con atención. La imagen que mostraban, entre atentos y nerviosos, todos con caras que parecían hechas con tres o cuatro moldes, lo hizo sonreír mentalmente.
– Muy bien. Digamos que en la mañana paso junto a un estante de libros y deseo alguno pero no puedo tomarlo. Por la noche hablo con otro profesor acerca de mi deseo por aquel objeto. ¿Cómo me siento con respecto al libro en ese momento?
Una mano se levantó al instante. Se le dio la palabra.
– Está mintiendo. – Inmediatamente el alumno se dio cuenta de que su respuesta era totalmente errónea y se sobresaltó; a la vez, el profesor descubrió que aquel pedía la palabra y respondía maquinalmente. Al saber esto, arqueó una ceja. El alumno lo notó, y se levantó para dar manotazos alrededor de su pupitre, a la vez que mezclaba chillidos con la segunda parte de su respuesta que repetía una y otra vez.
– Sólo se vive una vez. Sólo se vive una vez. Sólo se vive una vez. – decía, completamente trastornado, mientras sucumbía ante los guardias que entraron al salón en cuanto notaron algo anormal en la clase. Los otros estudiantes, casi inmóviles, observaban sentados, pues los cinturones de seguridad se habían activado automáticamente en cuanto los guardias abrieron la puerta; parecía no hacer falta en ese momento esa precaución, pues su imagen era de completa serenidad. Sin embargo, ninguna precaución estaba de más.
El profesor pensó que sus estudiantes aún se guiaban mucho por el instinto, y por eso eran tan pasionales y sus respuestas estaban tan cargadas de subjetividad. Se sintió cansado y decidió irse. Cuando los guardias sacaron al orangután, ya narcotizado, dio por terminada la clase y salió por la puerta de los profesores. Entonces los demás simios, ya libres del cinturón y los deberes, abandonaron el aula.
juan carlos gallegos

viernes, 10 de abril de 2009

revista clarimonda

*reflexión final


“hoy me salgo de mí, me digo adiós, dejo mi rostro prueba
De partida, me evaporo entre la bruma y resucito”
Gustavo Cobo.

Hoy contemplé el sueño de los que ya no vuelven, para intentar entender
Su letal descanso y el miedo profundo que los hombres le guardan.

Hoy decidí devorar la luna con los ojos y comprender
Que es lo que ven los demás para llamarla en la amargura,
Hoy marcharse sin dejar un nombre parece sencillo y
No justificar la razón, es lo más sensato, cuando una renuncia
Al ser y decide beber el contemplar los fantasmas ya no son tan ajenos.

Hoy escribo un poema que nadie podrá leer desde mi dimensión, porque se vive de prisa una gran broma llamada vida; hoy ya no escribiré en papel las paredes son mas firmes para soportar de pie.

Hoy dejé de ser y la angustia y el caos por primera vez respetaron mi silencio,
Y la maldición del tiempo ya no me alcanzara, hoy ya no seguiré a la razón,
Ni perdonaré a la nostalgia, hoy quiero poetizar la vida entera en los labios de un ángel que llego de no se donde a iluminar la abominable obscuridad.

Hoy mis errabundas y fingidas letras se moverán al compás de la paciencia
Hoy no moriré del todo si logro no alejarte como es mi gran Don, y la sombra
Ya no será la sospecha de un crimen

Hoy el guerrero se ha cansado de soñar en librar la batalla, hoy ya no culpare
A una religión, ni a la sabiduría que guardan los libros que el mundo no se cansa de alabar de ese erudito tan vacío de sí, que prefirió dejar que la vida se le fuese en reflexionar.

Hoy Dickinson se sentó a mi lado e irradió en cada letra de la melancolía
Hoy el infierno de Dante ya no es tan aplastante, hoy no quiero poblar la soledad, ni escuchar al ingenuo que habla de la felicidad, hoy quiero escalar en la santa poesía lo que me ha negado la vida, hoy me transfiguro en papel para que nadie me culpe de no ser algo grande, hoy he decidido no envejecer en el intento de lograr un lugar.

vianey de jesús mendoza ruelas

esto no es esto

Noche de velada,
bailo sin bailar cogido de tu mano.

La luna siempre ve el mundo a oscuras, me dices.

Un día todo se apagará,
también nosotros, pienso,
pero no te voy a decir lo que ya sabes,
nuestra misión aquí es bien sencilla
y hay que ser valientes,
prefiero pedirte otro baile.

Tampoco hay paraíso,
pero yo conozco
algunas formas elementales de viajar
y tú sabes hacer dulces de leche.
antonio orihuela

noche xv

NOCHE oscura
durmiendo en tu sombra arbórea,
bosque de montañas,
desierto sin fe,
religión de errores,
búsqueda sin caminares
pirámide hundida en oasis
espuma acida cortante de océanos.
nora fabiola reyes

el poeta quiere charlar con la diosa tikal

En los andares en los que mi mente viaja sin rumbo, en los acaudalados recuerdos de tu persona, esperando que los sueños, de los que está construida mi barca, se cumplan. Sigo empeñado, en surcar los cielos de tu mundo, en traspasar las fronteras, de las ilusiones que algún día, se marchitaran, por la realidad. Tan cruda como la carne, que puede ser desnaturalizada con la fuerza de los frutos cítricos de las ideas.
Día y noche, esbozo tu nombre, escribo en el cielo, juego con las nubes para enviarte mi mensaje, pero estas caprichosas, en mi contra, se encuentran, pues entonces escribo en mi aliento, pero la distancia lo somete al suelo, tome un ave y con mi sangre, en cada una de las plumas puse un verso, pero esta fue atrapada por un perro.
Consulte al oráculo, de los lamentos de la naturaleza, y envié mi mensaje, pero este me dijo que mejores medios existen, si mejores medios existen, entonces olvide, el tratar de enviar mi mensaje, ya han pasado días desde los últimos intentos.
Y luego descubrí algo; mi aliento puede llegar a ti pero solo pocas palabras he de escribir, solo escribí, “allá voy”, todo lo que he escrito para ti deberé susurrártelo en tu oído, es lo que he decidido.
No te olvido, solamente, estoy esperando a estar a tu lado, estoy esperando tu llamado desde la luz a las tinieblas, donde habita tu poeta, solo eso espero mi bella diosa, todas mis palabras saldrán a tu lado, te darán emociones, que solo tu humilde servidor, puede expresar, y seguiré esperando el sonido de tu canto, al borde del risco, pase lo que pase, seguiré vivo por ti.
fernando íñiguez